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Qué raro cuando no estamos distraídos, cuando no tenemos tanta prisa, cuando sabemos detenernos. Y sonreír. Y comprender. Y cerrar los ojos. Y notar incluso los segundos que corren por nosotros.
Y saber vivirlos todos a fondo. Y saborearlos con una sonrisa, con preocupación, con esperanza, con deseo, con claridad, con cualquier duda. Pero saborearlos. Saborearlos a conciencia.

miércoles, 27 de junio de 2012

martes, 24 de enero de 2012

Creía que me habia olvidado de algunas cosas,

De sentir, a veces.
Pero parece que no, a pesar de que la memoria sea una maquina defectuosa.

Hay experiencias inolvidables, por lo que fueron

Y quienes las compartieron.
¿Vamos a por la siguiente aventura?

jueves, 5 de enero de 2012

viernes, 23 de diciembre de 2011

Busco entre las ruinas del tiempo y solo le encuentro a él...

Y es curioso que, por una gracia del destino, una broma de la casualidad... Yo te encontrase aquel día, en aquel lugar, y decidieses acercarte a hablarme.
Dicen que algún día lo olvidaré todo... yo sinceramente, no les hago mucho caso.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Y unos besos que se van... Unas manos que se cruzan... Un no saber cómo reaccionar;
O será mejor esperar.


martes, 6 de diciembre de 2011

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¿Para qué dormir si no amaneceré  contigo?
¿Para qué amanecer si no dormi contigo?

martes, 29 de noviembre de 2011

Ellos lo saben. Se aman. Se odian. Se desean. Son perfectos el uno para el otro...
Son orgullosos. Nunca estarán juntos.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Y aquel fue un beso con sabor a Nomedejesnunca...


Sentir celos al pensar que un día, alguien que no le ha visto todavía,
Verá sus ojos por primera vez.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

miércoles, 2 de noviembre de 2011

De nuevo Noviembre.

   Mírame a los ojos y dime que no lo ves, ahí,
ese brillo cada vez que me miras,
   mírame a los labios y dime que no lo ves, ahí,
esas ganas locas de besarte,
   mírame al corazón y dime que no lo ves, ahí,
ese trozo de ti que llevo dentro.

viernes, 14 de octubre de 2011

Me escupiste tus palabras, una a una.

   De repente sentí que los zapatos me venían grandes. Algo se burló de mi garganta y me puse a temblar. Apesadumbrada, me di cuenta de que los relojes no suenan a nada que se parezca siquiera a un tictac, sino al ruido que hace un martillo, arriba y abajo, golpeando una y otra vez contra el suelo. El sonido de una sepultura. Deseé que fuese la mía, porque me quise morir en ese momento.


Nunca me había dolido tanto que los demás decidieran prescindir de mi, 
porque siempre me quedabas tú, tu mirada, 
y el tiempo que pasábamos juntos.