;

Qué raro cuando no estamos distraídos, cuando no tenemos tanta prisa, cuando sabemos detenernos. Y sonreír. Y comprender. Y cerrar los ojos. Y notar incluso los segundos que corren por nosotros.
Y saber vivirlos todos a fondo. Y saborearlos con una sonrisa, con preocupación, con esperanza, con deseo, con claridad, con cualquier duda. Pero saborearlos. Saborearlos a conciencia.

martes, 6 de diciembre de 2011

.

¿Para qué dormir si no amaneceré  contigo?
¿Para qué amanecer si no dormi contigo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario