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Qué raro cuando no estamos distraídos, cuando no tenemos tanta prisa, cuando sabemos detenernos. Y sonreír. Y comprender. Y cerrar los ojos. Y notar incluso los segundos que corren por nosotros.
Y saber vivirlos todos a fondo. Y saborearlos con una sonrisa, con preocupación, con esperanza, con deseo, con claridad, con cualquier duda. Pero saborearlos. Saborearlos a conciencia.

martes, 29 de noviembre de 2011

Ellos lo saben. Se aman. Se odian. Se desean. Son perfectos el uno para el otro...
Son orgullosos. Nunca estarán juntos.

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