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Qué raro cuando no estamos distraídos, cuando no tenemos tanta prisa, cuando sabemos detenernos. Y sonreír. Y comprender. Y cerrar los ojos. Y notar incluso los segundos que corren por nosotros.
Y saber vivirlos todos a fondo. Y saborearlos con una sonrisa, con preocupación, con esperanza, con deseo, con claridad, con cualquier duda. Pero saborearlos. Saborearlos a conciencia.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Busco entre las ruinas del tiempo y solo le encuentro a él...

Y es curioso que, por una gracia del destino, una broma de la casualidad... Yo te encontrase aquel día, en aquel lugar, y decidieses acercarte a hablarme.
Dicen que algún día lo olvidaré todo... yo sinceramente, no les hago mucho caso.

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