;

Qué raro cuando no estamos distraídos, cuando no tenemos tanta prisa, cuando sabemos detenernos. Y sonreír. Y comprender. Y cerrar los ojos. Y notar incluso los segundos que corren por nosotros.
Y saber vivirlos todos a fondo. Y saborearlos con una sonrisa, con preocupación, con esperanza, con deseo, con claridad, con cualquier duda. Pero saborearlos. Saborearlos a conciencia.

jueves, 6 de octubre de 2011

Aparecen en tu vida de repente, sin dar explicaciones.

  ¡Que le den a la Energía! El amor si que ni se crea ni se destruye, que solo se transforma...
Puede que en una bonita amistad, con retales de cariño por aquí y por allá...
  O en odio, frío e indiferente.
  El amor se puede transformar en vergüenza, en mirarte a los pies cuando sabes que esa persona te observa... Pero lo peor de todo, sin duda alguna, es cuando no se transforma, cuando se queda ahí. Es entonces cuando, ni lo odias, ni sois amigos, y estáis lejos de sentiros indiferentes... En vez de mirarte a los pies, le sujetas la mirada, esbozas una sonrisa o haces un gesto con la barbilla como un simple "Hola.", para luego añadir en tu mente: "Te echo de menos, ven aquí, abrázame... Por favor".
  Como la energía, el amor también lo mueve todo, te mueve a reír, a usar más la imaginación, te mueve a querer saltar, gritar... Te mueve a llorar.
  Es curioso cómo algunas parejas se reúnen una y otra vez, y de nuevo empiezan a crearse recuerdos para ambos; un beso en un parque, jugando en una fuente, SU sonrisa... Y cuando todo acaba, por una causa o por otra, y recuerdan cada uno de esos momentos, no se arrepienten lo mas mínimo, sólo sonríen, o lloran, con la certeza de que volverá a ocurrir, tal vez con una persona diferente, tal vez con la misma... 
  Pero esos recuerdos no se los quita nadie. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario